CUANDO EL PLIN NO ALCANZA

GENERACIÓN OFFLINE 

Carmen tiene más de quince años yendo al mercado Santa Rosa, en el Callao. Ahí, en el mismo puesto de siempre, le compra fruta a Rosa, su casera de toda la vida. Se conocen tanto que ya no hace falta saludarse con formalidad: Rosa sabe lo que Carmen suele llevar, y Carmen sabe que puede confiar en ella.

Por eso, cuando su nieto le enseñó a usar Plin, Carmen no dejó de hacer preguntas ni un solo minuto. Quería entender cada paso antes de confiar en algo nuevo. "¿El código que aparece hay que escribirlo yo, o se pone solo?", preguntaba. Y después venían las dudas más de fondo: "¿Y si la persona no tiene Plin, le puedo pagar por Yape?", "¿no me irán a robar por plinear?". No era desconfianza porque sí. Era la forma en que Carmen aprende las cosas: preguntando hasta quedarse tranquila.

Con el tiempo, empezó a soltarse. Ya no preguntaba tanto, ya reconocía los pasos de memoria. Hasta que un día salió al mercado sin llevar efectivo, algo que antes nunca hacía, pero que ahora se permitía porque tenía Plin. Llegó al puesto de Rosa, escogió su fruta, y cuando llegó el momento de pagar, sacó el celular y apuntó la cámara al código QR. Ahí apareció el problema: el código era de Yape, y Plin no dejaba pagar ahí. Carmen lo intentó de nuevo. Y otra vez. El mensaje no cambiaba.

 

"Puchica, ya me fregué, no funciona el Plin", dijo, mirando la pantalla sin entender del todo qué había pasado. Rosa, que la conoce hace 15 años, no miro raro cuando Carmen le dijo que no llevaba efectivo y le preguntó si se lo podía fiar. Pero para Carmen, que en toda su vida jamás se había quedado debiendo nada a nadie, el momento igual pesó. Lo que le pasó a Carmen no es un descuido suyo. Es un problema del sistema: Yape y Plin, las dos billeteras digitales más usadas en el Perú, muchas veces no permiten pagar entre ellas. Según el Banco Central de Reserva del Perú, entre enero y julio de 2024 las billeteras digitales representaron el 69% de los pagos digitales de bajo monto en el país (BCRP, 2025). El dato muestra que millones de personas ya viven pagando así, pero también que el sistema sigue teniendo huecos que nadie explica bien, sobre todo a los adultos mayores.

 

Hoy Carmen ya no desconfía como antes. "Asu, hijito, el Plin me salva cuando no tengo efectivo", dice ahora, cada vez que hace una compra rápida en el mercado. Ya le agarró la mano a la aplicación, y la usa sin problema cuando se queda sin plata en el bolsillo. Pero después de lo que pasó con Rosa, aprendió algo que ninguna app le enseñó: salir siempre con un poco de efectivo, por si acaso.


 

0 Comments:

Publicar un comentario