• Conectados, pero no incluidos: la brecha digital que enfrentan los adultos mayores en Lima La tecnología avanza a pasos acelerados, pero millas de adultos mayores en Lima todavía encuentran dificultades para adaptarse a un mundo cada vez más digital.
  • La Comisión de Procedimientos Especiales del Senado aprobó inicialmente el informe que recomendaba ratificar a Julio Velarde como presidente del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP).

ENTRE PREGUNTAS Y RESPUESTAS: EL DÍA DE JULIO VELARDE EN EL CONGRESO

 

ENTRE PREGUNTAS Y RESPUESTAS: EL DÍA DE JULIO VELARDE EN EL CONGRESO

Julio Velarde llegó al Congreso el 2 de septiembre para hablar sobre su continuidad al frente del Banco Central de Reserva. Ya sabía que tendría que responder preguntas, pero esta vez no se trataba de una presentación cualquiera. Su permanencia por otros cinco años estaba siendo evaluada y cada respuesta formaba parte de ese proceso.

La sesión comenzó con una breve exposición de Velarde. Después llegaron las preguntas. Una de ellas lo llevó a un tema que ya había mencionado en 2024: la situación política del Perú. En ese momento había dicho que la inestabilidad política había afectado el crecimiento del país. Ahora querían saber si todavía veía ese mismo problema.


         


Velarde respondió de forma bastante directa: ¿Veo una inestabilidad política? No la veo. Luego agregó que suponía que el Gobierno duraría los cinco años. Era una respuesta diferente a la preocupación que había mostrado años atrás. Para él, el panorama había cambiado, pero las preguntas siguieron. Esta vez el tema fue el oro. Se le consultó por la posibilidad de que el Banco Central comprara el oro producido por pequeños mineros y mineros artesanales. La idea buscaba que esta medida pudiera ayudar con la formalización de ese sector.

Velarde no parecía verlo tan sencillo. Explicó que el oro puede tener precios altos, pero también es muy variable. Y cuando se habló de la minería ilegal, fue claro: El que lo compre el BCRP no hace que deje de ser ilegal. Para él, comprar el oro no solucionaba el problema que existía detrás. Después apareció otro tema que suele llamar la atención cuando se habla de economía: el dólar. Velarde explicó que el Banco Central no busca fijar un precio específico para la moneda. Su intervención busca evitar movimientos demasiado bruscos, pero no establecer cuánto debería valer el dólar.

Una pregunta llevaba a otra. Política, oro, dólar. Velarde iba respondiendo mientras los integrantes de la comisión intentaban conocer su posición sobre diferentes temas. Por momentos, la sesión parecía alejarse de la pregunta principal: si continuaría o no al frente del BCR.


        


Pero esa pregunta seguía ahí. Velarde había llegado justamente para iniciar el proceso que definiría su continuidad. Al terminar la sesión todavía no había una decisión. La comisión tendría que revisar lo ocurrido y elaborar un informe antes de que el Senado tomara la decisión final.

Para ese momento, Velarde ya había dejado varias respuestas. No todas fueron sobre su posible continuidad. También habló de problemas que forman parte del día a día del país y que muchas veces parecen lejanos para quienes no están relacionados con la economía.

La decisión llegó días después. El 8 de septiembre, la Comisión de Procedimientos Especiales aprobó recomendar su ratificación con nueve votos a favor, dos en contra y una abstención. Finalmente, el 16 de septiembre, el Pleno del Senado aprobó su ratificación para el periodo 2026-2031, pero todo había comenzado aquella tarde de septiembre, con Velarde sentado frente a los integrantes de la comisión y respondiendo una pregunta tras otra. Al final, más que las cifras o los términos económicos, quedaron sus propias palabras. Entre ellas, una respuesta corta sobre la situación política que resumió uno de los momentos de la jornada: “No la veo”.

VELARDE: ¿EL HOMBRE INSUSTITUIBLE?

VELARDE: ¿EL HOMBRE INSUSTITUIBLE?

Ratificación de Julio Velarde avanza en el Senado: Comisión votará el 9 de  setiembre informe sobre su continuidad en el BCR

Por: Oscar Rubiños

Hace apenas unos días, el Senado peruano volvió a poner sobre la mesa una pregunta que muchos ya daban por respondida: ¿quién maneja el dinero del país? El 8 de septiembre, la Comisión de Procedimientos Especiales aprobó por 9 votos a favor, 2 en contra y 1 abstención el informe que recomienda mantener a Julio Velarde como presidente del Banco Central de Reserva del Perú por cinco años más (América TV, 2026). Si el Pleno lo confirma, Velarde llegará a dos décadas seguidas en el cargo, algo que no había pasado nunca antes en la historia económica del país y que, para bien o para mal, nos obliga a reflexionar.

Entonces, hay razones de sobra para entender por qué tanta gente quiere que Velarde se quede. Desde que tomó el timón del BCR en 2006, el Perú logró algo que pocos países de la región pueden presumir: mantener los precios relativamente estables, incluso en medio de tormentas como la pandemia, los vaivenes políticos o el impacto del fenómeno de El Niño (Cornejo Mena, 2026). Eso no es poca cosa. Detrás de cada sol que no se devalúa de golpe, detrás de cada familia que puede planificar su economía sin miedo a que todo se dispare de un día para otro, hay decisiones técnicas que alguien tomó bien. Y ese alguien, por veinte años, ha sido Velarde.

 Archivo:Julio Velarde.jpg - Wikipedia, la enciclopedia libre

Pero lo que más llama la atención no son sus números, sino su actitud. Durante su presentación ante la comisión, Velarde no se guardó nada: calificó de "desastre" las políticas públicas en salud y educación del país (Diario El comercio, 2026). Eso, viniendo del presidente del banco central, es casi inaudito. No es común que un funcionario de ese nivel hable así, con esa claridad, sin escudarse en tecnicismos ni en la diplomacia de costumbre. Esa honestidad, esa disposición a decir lo que piensa aunque incomode, es exactamente lo que uno esperaría de alguien que maneja y controla la economía de una nación.

 

🔴🗣 “Realmente, me han criticado salud y educación. No tengo nada que ver  y, si me preguntan, han sido un desastre las políticas de salud y educación  en los últimos años”. Las 

 

VELARDE: ¿CONTINUIDAD O CONFORMISMO? UNA MIRADA CRÍTICA A SU RATIFICACIÓN


VELARDE: ¿CONTINUIDAD O CONFORMISMO? UNA MIRADA CRÍTICA A SU RATIFICACIÓN

 

El 8 de septiembre, la Comisión de Procedimientos Especiales del Senado aprobó, con 9 votos a favor, 2 en contra y 1 abstención, mantener a Julio Velarde al frente del Banco Central de Reserva cinco años más. Vamos a decir algo primero, porque nos parece justo: nadie en el equipo duda de que Velarde sabe lo que hace. Su gestión tiene el respaldo del FMI y de varios foros económicos internacionales, eso no está en cuestión. Lo que sí nos preocupa es otra cosa: si el proceso que lo mantiene ahí fue tan serio como debería serlo, tratándose de una decisión que le daría veinte años seguidos al mando de la institución que maneja el dinero del país.

 

 

Y en eso todos pensamos lo mismo: un Senado que aprueba por mayoría amplia, sin que se vea un debate real sobre otras opciones o sobre quién más podría tomar el cargo, no está haciendo bien su trabajo. No es que dudemos de Velarde. Es que nadie parece haberse preguntado en serio si hay alguien más para el puesto, o si el Congreso solo terminó firmando algo que ya estaba decidido de antemano. 

 

Eso nos lleva a otra cosa en la que coincidimos: depender tanto tiempo de una sola persona, por buena que sea, dice algo feo sobre el país. Si en veinte años Perú no ha formado gente capaz de tomar ese puesto, el problema ya no es Velarde. Es que como país no hemos construido relevo. Y esa pregunta, la de por qué no hay quién lo reemplace, sentimos que casi nadie se la hizo en toda esta discusión.

 

Sobre el argumento que más se repite a favor de dejarlo que da estabilidad también pensamos parecido: es cierto, pero no alcanza como única razón. La inflación se mantuvo controlada incluso en momentos duros como la pandemia, eso hay que reconocerlo. Pero estabilidad no es lo mismo que estar al día. Con la inteligencia artificial avanzando, la gente usando cada vez menos dólares y nuevas formas de invertir apareciendo, seguir igual puede ser simplemente lo más fácil, no necesariamente lo mejor.

 

Por último, algo en lo que también estuvimos de acuerdo: la prensa cubrió esto muy por encima. Casi todos los medios se quedaron en contar cómo salió la votación, sin explicarle a la gente qué significa tener al mismo presidente del BCRP durante veinte años, y sin ir a buscar a alguien que pensara distinto. Ahí sentimos que el periodismo se quedó corto. 

 

La ratificación de Velarde no nos parece ni un error obvio ni algo que había que aplaudir sin más. Es algo que merece pensarse con calma. No escribimos esto para juzgarlo a él, sino para dejar sobre la mesa las preguntas que el debate público no se hizo: ¿había otra opción?, ¿se discutió esto de verdad?, ¿la estabilidad justifica veinte años sin cambio de nadie? Seguir haciéndonos esas preguntas, en vez de quedarnos con la versión oficial, es lo mínimo que podemos hacer con un tema así de grande.


Canal N / América TV. (17 de septiembre de 2026). Senado ratificó a Julio Velarde como presidente del Banco Central. Recuperado de: https://www.americatv.com.pe/noticias/actualidad/senado-ratifico-julio-velarde-como-presidente-banco-central-n522728 

 

 

CUANDO EL PLIN NO ALCANZA

GENERACIÓN OFFLINE 

Carmen tiene más de quince años yendo al mercado Santa Rosa, en el Callao. Ahí, en el mismo puesto de siempre, le compra fruta a Rosa, su casera de toda la vida. Se conocen tanto que ya no hace falta saludarse con formalidad: Rosa sabe lo que Carmen suele llevar, y Carmen sabe que puede confiar en ella.

Por eso, cuando su nieto le enseñó a usar Plin, Carmen no dejó de hacer preguntas ni un solo minuto. Quería entender cada paso antes de confiar en algo nuevo. "¿El código que aparece hay que escribirlo yo, o se pone solo?", preguntaba. Y después venían las dudas más de fondo: "¿Y si la persona no tiene Plin, le puedo pagar por Yape?", "¿no me irán a robar por plinear?". No era desconfianza porque sí. Era la forma en que Carmen aprende las cosas: preguntando hasta quedarse tranquila.

Con el tiempo, empezó a soltarse. Ya no preguntaba tanto, ya reconocía los pasos de memoria. Hasta que un día salió al mercado sin llevar efectivo, algo que antes nunca hacía, pero que ahora se permitía porque tenía Plin. Llegó al puesto de Rosa, escogió su fruta, y cuando llegó el momento de pagar, sacó el celular y apuntó la cámara al código QR. Ahí apareció el problema: el código era de Yape, y Plin no dejaba pagar ahí. Carmen lo intentó de nuevo. Y otra vez. El mensaje no cambiaba.

 

"Puchica, ya me fregué, no funciona el Plin", dijo, mirando la pantalla sin entender del todo qué había pasado. Rosa, que la conoce hace 15 años, no miro raro cuando Carmen le dijo que no llevaba efectivo y le preguntó si se lo podía fiar. Pero para Carmen, que en toda su vida jamás se había quedado debiendo nada a nadie, el momento igual pesó. Lo que le pasó a Carmen no es un descuido suyo. Es un problema del sistema: Yape y Plin, las dos billeteras digitales más usadas en el Perú, muchas veces no permiten pagar entre ellas. Según el Banco Central de Reserva del Perú, entre enero y julio de 2024 las billeteras digitales representaron el 69% de los pagos digitales de bajo monto en el país (BCRP, 2025). El dato muestra que millones de personas ya viven pagando así, pero también que el sistema sigue teniendo huecos que nadie explica bien, sobre todo a los adultos mayores.

 

Hoy Carmen ya no desconfía como antes. "Asu, hijito, el Plin me salva cuando no tengo efectivo", dice ahora, cada vez que hace una compra rápida en el mercado. Ya le agarró la mano a la aplicación, y la usa sin problema cuando se queda sin plata en el bolsillo. Pero después de lo que pasó con Rosa, aprendió algo que ninguna app le enseñó: salir siempre con un poco de efectivo, por si acaso.


 

LA BRECHA QUE NO SE VE EN LA PANTALLA

 

LA BRECHA QUE NO SE VE EN LA PANTALLA

Por: Brenda Melendez 


En Lima, muchas de las actividades que forman parte de nuestra vida diaria ya se realizan desde una pantalla. Podemos hacer una transferencia bancaria, separar una cita médica, realizar un trámite o comprar algo sin necesidad de salir de casa. Para quienes están acostumbrados a utilizar la tecnología desde hace años, todo esto puede parecer bastante sencillo. Sin embargo, no ocurre lo mismo para todos. Mientras la ciudad avanza cada vez más hacia lo digital, surge una pregunta que vale la pena hacerse: ¿realmente todos estamos avanzando al mismo ritmo?


Esta diferencia entre generaciones no es solamente una percepción. Según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), durante el primer trimestre de 2025, el 95,6 % de las personas entre 19 y 24 años utilizó Internet, mientras que en el grupo de 60 años a más la cifra llegó al 49,7 %. Es decir, existe una diferencia de más de 45 puntos porcentuales entre ambos grupos. Si bien cada vez son más los adultos mayores que utilizan Internet, los datos muestran que su incorporación al entorno digital todavía se produce de manera mucho más lenta que entre los jóvenes.


Sin embargo, hay otro aspecto que también debemos considerar. Si el problema fuera únicamente la falta de acceso, bastaría con que todas las personas tuvieran un celular o algún dispositivo conectado a Internet para solucionar la situación. Pero no es tan simple. En una ciudad donde cada vez dependemos más de las herramientas digitales para realizar actividades cotidianas, tener un celular no necesariamente significa saber utilizarlo. Entonces aparece una cuestión que muchas veces dejamos de lado: ¿tener acceso a la tecnología realmente significa estar incluido? 


En Lima Metropolitana, casi todos los hogares cuentan con un smartphone. De acuerdo con la Encuesta Residencial de Servicios de Telecomunicaciones (ERESTEL) 2025 de OSIPTEL, el 99,2 % de los hogares limeños dispone de uno. Este porcentaje podría hacernos pensar que el problema del acceso está casi solucionado. Sin embargo, también nos lleva a mirar la brecha desde otra perspectiva. Si la mayoría ya cuenta con una herramienta para conectarse, el verdadero desafío está en saber utilizarla, comprenderla y aprovechar las posibilidades que ofrece sin depender constantemente de otra persona.



En ese sentido, una investigación de la PUCP sobre las desigualdades digitales señala que la brecha no debe analizarse solamente desde el acceso a las tecnologías, sino también desde la manera en que las personas las utilizan y las habilidades que desarrollan al interactuar con ellas. Esto cobra especial importancia en el caso de los adultos mayores, porque tener un dispositivo delante no garantiza saber cómo realizar un trámite, utilizar una aplicación o resolver un problema digital. Si cada vez más servicios pasan a depender de estas herramientas, no contar con las habilidades necesarias puede convertirse también en una forma de quedar excluido. Por eso, cerrar la brecha generacional implica algo más que facilitar el acceso: también significa ayudar a que las personas puedan desenvolverse de manera independiente.


Lima puede avanzar hacia una ciudad cada vez más tecnológica, pero ese avance no debería dejar atrás a quienes necesitan más tiempo para adaptarse. La inclusión digital no consiste solamente en tener Internet, un celular o una computadora, sino en poder utilizarlos con confianza y autonomía. Si los trámites, servicios y oportunidades continúan trasladándose a las pantallas, también debemos preguntarnos quiénes realmente pueden acceder a ellos y quiénes necesitan apoyo para hacerlo. Una Lima verdaderamente digital no será aquella que simplemente se modernice más rápido, sino aquella en la que sus distintas generaciones puedan ser parte de ese cambio.

UNA MIRADA CRÍTICA A LA BRECHA DIGITAL QUE ENFRENTA EL ADULTO MAYOR LIMEÑO

 

Conectados, pero no incluidos: una mirada crítica a la brecha digital que enfrenta el adulto mayor limeño

Por todos:


Lima avanza a un ritmo digital que no espera a nadie, y los adultos mayores son quienes más lo sienten. Según el INEI, durante el primer trimestre de 2025, el 95,6 % de jóvenes entre 19 y 24 años usa Internet, mientras que en personas de 60 años a más esa cifra cae al 49,7 %. Oscar advierte que esta diferencia de más de 45 puntos porcentuales no es solo una estadística: es el reflejo de una ciudad que digitaliza sus servicios sin preguntarse si todos sus ciudadanos pueden seguirle el paso. Cuando un trámite, una cita médica o una transferencia bancaria dependen de saber navegar una app, quienes no dominan esas herramientas quedan directamente excluidos de su propio derecho a la autonomía.

Lo más preocupante no es la falta de dispositivos, sino la ilusión de que tenerlos equivale a estar incluido. OSIPTEL reporta que el 99,2 % de hogares limeños cuenta con un smartphone, dato que a primera vista parece alentador, pero que Brenda identifica como engañoso si no se acompaña de una pregunta más honesta: ¿saben usarlo con independencia? Tener un celular en casa no garantiza poder pagar un recibo, reconocer un mensaje fraudulento o completar un formulario digital de varias etapas. El acceso al dispositivo es apenas la puerta; el verdadero problema está en lo que ocurre después de abrirla.

A esto se suma una dimensión que pocas veces entra al debate: las barreras físicas propias del envejecimiento. Yorlamm señala que muchos adultos mayores conviven con dificultades visuales, auditivas o motrices que hacen que interactuar con ciertas interfaces sea, sencillamente, una experiencia hostil. Letras pequeñas, menús complejos, tiempos de respuesta cortos y diseños pensados para usuarios jóvenes construyen plataformas que excluyen por omisión. No porque nadie haya querido hacerlo, sino porque nadie pensó en ellos al momento de diseñar.

Sin embargo, el panorama no es completamente sombrío. Piero destaca que el celular también se ha convertido en un puente afectivo real: muchos adultos mayores aprendieron a usar WhatsApp no por necesidad laboral ni por obligación burocrática, sino por el deseo genuino de ver a sus hijos y nietos aunque estén lejos. Ese dato es revelador porque demuestra que la motivación existe cuando el aprendizaje tiene un propósito cercano y significativo. La tecnología, bien acompañada, puede reducir el aislamiento social tanto como ampliar el acceso a servicios.

El problema, entonces, no está en los adultos mayores ni en su supuesta resistencia al cambio. Está en cómo una sociedad distribuye la responsabilidad de adaptarse. Oscar y Brenda coinciden en que cargar ese peso únicamente sobre las personas mayores es injusto: son las familias, las instituciones educativas, las empresas y el Estado los que deben generar condiciones reales de aprendizaje, con talleres gratuitos, plataformas más accesibles y acompañamiento sostenido. Enseñar paso a paso, sin reemplazar la autonomía del otro, es la diferencia entre incluir y simplemente resolver el problema por ellos.

Yorlamm y Piero lo resumen con claridad: cerrar la brecha digital generacional no es una cuestión tecnológica, es una cuestión de justicia social. En una Lima donde cada vez más derechos se ejercen desde una pantalla, quedarse fuera del mundo digital significa quedarse fuera de la ciudad misma. Los adultos mayores no necesitan convertirse en expertos digitales de la noche a la mañana; necesitan que el entorno se construya pensando también en ellos. Porque una ciudad verdaderamente conectada no es la que tiene más cobertura de señal, sino la que no deja a nadie atrás.