CONECTADOS, PERO NO INCLUIDOS

Conectados, pero no incluidos: la brecha digital que enfrentan los adultos mayores en Lima

La tecnología avanza a pasos acelerados, pero millas de adultos mayores en Lima todavía encuentran dificultades para adaptarse a un mundo cada vez más digital. Trámites, pagos, comunicación y acceso a información dependen hoy de dispositivos y plataformas que no siempre están diseñadas pensando en ellos.

Por  : Piero Panta

En Lima, realizar una operación bancaria, solicitar una cita médica, pagar un recibo o comunicarse con un familiar puede resolverse en cuestión de minutos desde un teléfono celular. Sin embargo, para muchos adultos mayores estas acciones representan un desafío que va mucho más allá de aprender a utilizar un dispositivo.

La llamada brecha digital generacional hace referencia a las diferencias existentes entre las personas de distintas generaciones en cuanto al acceso, uso y aprovechamiento de las tecnologías digitales. En el caso de los adultos mayores, esta brecha puede convertirse en una barrera para desenvolverse con autonomía en una sociedad donde cada vez más servicios migran hacia plataformas digitales.

Una generación que tuvo que aprender sobre la marcha.

A diferencia de las generaciones más jóvenes, muchos adultos mayores no crecieron utilizando celulares inteligentes, computadoras o redes sociales. Su acercamiento a estas herramientas ocurrió cuando ya eran adultos, por lo que aprender a utilizarlas significó adaptarse a cambios tecnológicos que se producen rápidamente.

El problema no siempre está relacionado con la falta de interés. En muchos casos, existe disposición para aprender, pero también miedo a equivocarse, bloquear el teléfono, perder información o ser víctima de una estafa.

“Yo sé usar WhatsApp para hablar con mis hijos y mis nietos, pero cuando tengo que hacer un trámite por Internet prefiero pedir ayuda”, podría explicar un adulto mayor entrevistado para este reportaje.

Este tipo de situación refleja una realidad cotidiana: saber utilizar algunas funciones de un celular no significa necesariamente tener competencias digitales suficientes .

Cuando un trámite sencillo se convierte en un problema

La digitalización de los servicios ha generado beneficios importantes, como ahorrar tiempo y evitar desplazamientos. Sin embargo, cuando las plataformas no son accesibles o fáciles de comprender, pueden producir el efecto contrario.

Un adulto mayor puede encontrarse con contraseñas, códigos de verificación, aplicaciones, enlaces, formularios digitales y sistemas de autenticación que requieren varios pasos. Si no cuenta con conocimientos suficientes o con alguien que pueda orientarlo, una gestión sencilla puede convertirse en una experiencia frustrante.

A esto se suma que algunas personas mayores tienen dificultades visuales, auditivas o motrices propias del envejecimiento, lo que puede complicar aún más la interacción con determinadas interfaces.

El celular como puente con la familia

A pesar de las dificultades, los teléfonos inteligentes también se han convertido en una herramienta importante para fortalecer los vínculos familiares.

Aplicaciones como WhatsApp permiten que los adultos mayores puedan realizar videollamadas, enviar fotografías, recibir mensajes y mantenerse en contacto con familiares que viven lejos.

Para muchos, aprender a utilizar estas herramientas no comenzó por una necesidad económica o laboral, sino por algo mucho más personal: querer comunicarse con sus hijos y nietos .

"Mi nieta me enseñó a hacer videollamadas. Ahora puedo verla aunque esté lejos", podría señalar otra persona entrevistada.

Estos casos muestran que la tecnología también puede contribuir a reducir el aislamiento social, siempre que exista acompañamiento y capacitación.

El riesgo de las estafas digitales.

Uno de los principales temores entre los adultos mayores es la seguridad.

Los mensajes fraudulentos, llamadas engañosas, enlaces sospechosos y promociones falsas pueden generar preocupación, especialmente cuando una persona no conoce suficientemente el funcionamiento de Internet.

La falta de conocimientos digitales puede hacer que algunas personas tengan dificultades para distinguir entre una comunicación legítima y un intento de fraude.

Por ello, cerrar la brecha digital no significa únicamente enseñar a utilizar Facebook, WhatsApp o un teléfono celular. También implica educar sobre seguridad digital, privacidad, contraseñas y reconocimiento de posibles estafas .

¿Quién debe ayudar a cerrar esta brecha?

La responsabilidad no debería recaer exclusivamente en los adultos mayores. Las familias, instituciones educativas, empresas y entidades públicas también pueden contribuir.

Los familiares pueden acompañarlos durante el aprendizaje sin reemplazarlos completamente. Enseñarles paso a paso cómo realizar una operación permite que, con el tiempo, puedan hacerlo de manera independiente.

Asimismo, las instituciones podrían desarrollar talleres gratuitos de alfabetización digital para adultos mayores, utilizando un lenguaje sencillo y ejercicios relacionados con situaciones de la vida cotidiana.

También es importante que las plataformas digitales sean diseñadas teniendo en cuenta la diversidad de usuarios. Una aplicación que funciona perfectamente para una persona joven puede resultar complicada para alguien que recién está aprendiendo a utilizar un teléfono inteligente.

Más que una cuestión de tecnología

La brecha digital generacional no se limita a saber utilizar o no un celular. Está relacionado con la autonomía, inclusión y participación social .

En una ciudad como Lima, donde cada vez más actividades cotidianas incorporan herramientas digitales, quedar al margen de la tecnología puede significar depender de otras personas para realizar acciones básicas.

Cerrar esta brecha requiere paciencia y acompañamiento. No se trata de exigir que los adultos mayores se adapten rápidamente a cada nueva tecnología, sino de construir herramientas y espacios de aprendizaje que les permitan incorporarlas progresivamente.

Una ciudad que también debe aprender a incluir

La tecnología comenzará avanzando y nuevas aplicaciones reemplazarán a las actuales. Frente a este escenario, el desafío no consiste únicamente en digitalizar los servicios, sino en asegurarse de que nadie quede excluido durante ese proceso.

Los adultos mayores forman parte de una generación que vivió la transformación desde el teléfono fijo hasta el smartphone. Ahora, el reto es que puedan recorrer esta nueva etapa de la transformación digital sin perder su autonomía y sintiéndose parte de una sociedad cada vez más conectada .

Porque estar conectado no significa  simplemente tener un celular. Significa poder utilizar la tecnología para desenvolverse, comunicarse y participar plenamente en la sociedad.

 

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