• Conectados, pero no incluidos: la brecha digital que enfrentan los adultos mayores en Lima La tecnología avanza a pasos acelerados, pero millas de adultos mayores en Lima todavía encuentran dificultades para adaptarse a un mundo cada vez más digital.
  • La Comisión de Procedimientos Especiales del Senado aprobó inicialmente el informe que recomendaba ratificar a Julio Velarde como presidente del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP).
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VELARDE: ¿CONTINUIDAD O CONFORMISMO? UNA MIRADA CRÍTICA A SU RATIFICACIÓN


VELARDE: ¿CONTINUIDAD O CONFORMISMO? UNA MIRADA CRÍTICA A SU RATIFICACIÓN

 

El 8 de septiembre, la Comisión de Procedimientos Especiales del Senado aprobó, con 9 votos a favor, 2 en contra y 1 abstención, mantener a Julio Velarde al frente del Banco Central de Reserva cinco años más. Vamos a decir algo primero, porque nos parece justo: nadie en el equipo duda de que Velarde sabe lo que hace. Su gestión tiene el respaldo del FMI y de varios foros económicos internacionales, eso no está en cuestión. Lo que sí nos preocupa es otra cosa: si el proceso que lo mantiene ahí fue tan serio como debería serlo, tratándose de una decisión que le daría veinte años seguidos al mando de la institución que maneja el dinero del país.

 

 

Y en eso todos pensamos lo mismo: un Senado que aprueba por mayoría amplia, sin que se vea un debate real sobre otras opciones o sobre quién más podría tomar el cargo, no está haciendo bien su trabajo. No es que dudemos de Velarde. Es que nadie parece haberse preguntado en serio si hay alguien más para el puesto, o si el Congreso solo terminó firmando algo que ya estaba decidido de antemano. 

 

Eso nos lleva a otra cosa en la que coincidimos: depender tanto tiempo de una sola persona, por buena que sea, dice algo feo sobre el país. Si en veinte años Perú no ha formado gente capaz de tomar ese puesto, el problema ya no es Velarde. Es que como país no hemos construido relevo. Y esa pregunta, la de por qué no hay quién lo reemplace, sentimos que casi nadie se la hizo en toda esta discusión.

 

Sobre el argumento que más se repite a favor de dejarlo que da estabilidad también pensamos parecido: es cierto, pero no alcanza como única razón. La inflación se mantuvo controlada incluso en momentos duros como la pandemia, eso hay que reconocerlo. Pero estabilidad no es lo mismo que estar al día. Con la inteligencia artificial avanzando, la gente usando cada vez menos dólares y nuevas formas de invertir apareciendo, seguir igual puede ser simplemente lo más fácil, no necesariamente lo mejor.

 

Por último, algo en lo que también estuvimos de acuerdo: la prensa cubrió esto muy por encima. Casi todos los medios se quedaron en contar cómo salió la votación, sin explicarle a la gente qué significa tener al mismo presidente del BCRP durante veinte años, y sin ir a buscar a alguien que pensara distinto. Ahí sentimos que el periodismo se quedó corto. 

 

La ratificación de Velarde no nos parece ni un error obvio ni algo que había que aplaudir sin más. Es algo que merece pensarse con calma. No escribimos esto para juzgarlo a él, sino para dejar sobre la mesa las preguntas que el debate público no se hizo: ¿había otra opción?, ¿se discutió esto de verdad?, ¿la estabilidad justifica veinte años sin cambio de nadie? Seguir haciéndonos esas preguntas, en vez de quedarnos con la versión oficial, es lo mínimo que podemos hacer con un tema así de grande.


Canal N / América TV. (17 de septiembre de 2026). Senado ratificó a Julio Velarde como presidente del Banco Central. Recuperado de: https://www.americatv.com.pe/noticias/actualidad/senado-ratifico-julio-velarde-como-presidente-banco-central-n522728 

 

 

UNA MIRADA CRÍTICA A LA BRECHA DIGITAL QUE ENFRENTA EL ADULTO MAYOR LIMEÑO

 

Conectados, pero no incluidos: una mirada crítica a la brecha digital que enfrenta el adulto mayor limeño

Por todos:


Lima avanza a un ritmo digital que no espera a nadie, y los adultos mayores son quienes más lo sienten. Según el INEI, durante el primer trimestre de 2025, el 95,6 % de jóvenes entre 19 y 24 años usa Internet, mientras que en personas de 60 años a más esa cifra cae al 49,7 %. Oscar advierte que esta diferencia de más de 45 puntos porcentuales no es solo una estadística: es el reflejo de una ciudad que digitaliza sus servicios sin preguntarse si todos sus ciudadanos pueden seguirle el paso. Cuando un trámite, una cita médica o una transferencia bancaria dependen de saber navegar una app, quienes no dominan esas herramientas quedan directamente excluidos de su propio derecho a la autonomía.

Lo más preocupante no es la falta de dispositivos, sino la ilusión de que tenerlos equivale a estar incluido. OSIPTEL reporta que el 99,2 % de hogares limeños cuenta con un smartphone, dato que a primera vista parece alentador, pero que Brenda identifica como engañoso si no se acompaña de una pregunta más honesta: ¿saben usarlo con independencia? Tener un celular en casa no garantiza poder pagar un recibo, reconocer un mensaje fraudulento o completar un formulario digital de varias etapas. El acceso al dispositivo es apenas la puerta; el verdadero problema está en lo que ocurre después de abrirla.

A esto se suma una dimensión que pocas veces entra al debate: las barreras físicas propias del envejecimiento. Yorlamm señala que muchos adultos mayores conviven con dificultades visuales, auditivas o motrices que hacen que interactuar con ciertas interfaces sea, sencillamente, una experiencia hostil. Letras pequeñas, menús complejos, tiempos de respuesta cortos y diseños pensados para usuarios jóvenes construyen plataformas que excluyen por omisión. No porque nadie haya querido hacerlo, sino porque nadie pensó en ellos al momento de diseñar.

Sin embargo, el panorama no es completamente sombrío. Piero destaca que el celular también se ha convertido en un puente afectivo real: muchos adultos mayores aprendieron a usar WhatsApp no por necesidad laboral ni por obligación burocrática, sino por el deseo genuino de ver a sus hijos y nietos aunque estén lejos. Ese dato es revelador porque demuestra que la motivación existe cuando el aprendizaje tiene un propósito cercano y significativo. La tecnología, bien acompañada, puede reducir el aislamiento social tanto como ampliar el acceso a servicios.

El problema, entonces, no está en los adultos mayores ni en su supuesta resistencia al cambio. Está en cómo una sociedad distribuye la responsabilidad de adaptarse. Oscar y Brenda coinciden en que cargar ese peso únicamente sobre las personas mayores es injusto: son las familias, las instituciones educativas, las empresas y el Estado los que deben generar condiciones reales de aprendizaje, con talleres gratuitos, plataformas más accesibles y acompañamiento sostenido. Enseñar paso a paso, sin reemplazar la autonomía del otro, es la diferencia entre incluir y simplemente resolver el problema por ellos.

Yorlamm y Piero lo resumen con claridad: cerrar la brecha digital generacional no es una cuestión tecnológica, es una cuestión de justicia social. En una Lima donde cada vez más derechos se ejercen desde una pantalla, quedarse fuera del mundo digital significa quedarse fuera de la ciudad misma. Los adultos mayores no necesitan convertirse en expertos digitales de la noche a la mañana; necesitan que el entorno se construya pensando también en ellos. Porque una ciudad verdaderamente conectada no es la que tiene más cobertura de señal, sino la que no deja a nadie atrás.